miércoles, 9 de mayo de 2012

La Caperucita más integradora


El Centro ASPACE de Castiello, Gijón,  gana un premio nacional con un proyecto para adaptar cuentos a personas con parálisis cerebral gracias a las nuevas tecnologías


Muchas personas con parálisis cerebral controlan apenas una mínima parte de su cuerpo para poder comunicarse. Un grupo de trabajadores del Centro Ángel de la Guarda de ASPACE en Castiello no se resignan, sin embargo, a que no puedan disfrutar con algo tan común como los cuentos. Por eso, el equipo liderado por el educador Rafael Álvarez Fuente ha encontrado la manera en la que las nuevas tecnologías pueden ayudar a superar las limitaciones, por muy grandes que éstas parezcan al principio.

Su trabajo para adaptar cuentos infantiles a pacientes con parálisis cerebral apoyándose en los nuevos soportes digitales les ha valido un premio en el II Concurso Nacional de Proyecto en Tecnología de Apoyo y Comunicación, organizado por la confederación ASPACE y patrocinado por la Fundación Vodafone España. El importe de este galardón, 12.000 euros, se invertirá íntegramente en la compra del material necesario para hacer realidad este plan, con el que muchos usuarios podrán acercarse por primera vez al mundo de las fábulas y los relatos.


El «Taller Interactivo de Cuentos Adaptados» va dirigido en principio a 60 usuarios, de los que un 70 por ciento tienen discapacidades motoras importantes. De hecho, muchos de ellos presentan tetraplejias, y apenas pueden moverse. Otros tienen mayores capacidades cognitivas, y por eso el proyecto se desarrolla en distintos niveles, para ayudar al mayor número de personas posible. Tal y como explica Rafael Álvarez, «el proyecto se establece en tres niveles: sensorial, para los más afectados; de habilidades básicas, para quienes tienen un retraso medio-bajo, y de nivel instrumental, para quienes tienen una menor afectación cognitiva». Todo ello, con el cuento de Caperucita Roja como base y con la idea de desarrollar otros cuentos diferentes en el futuro.


Partiendo de estos tres grados, el proyecto se sirve de pizarras digitales, proyectores y sistemas de sonido para exponer el cuento de forma «pasiva» en el caso del nivel sensorial, indica Xana Fernández, logopeda del centro. «Queremos que los usuarios experimenten el cuento a través de los sentidos, con sonidos, imágenes, el tacto e incluso olores y sabores», explica.


Para quienes manejen unas habilidades básicas, el cuento se mostrará de manera activa, de forma que puedan poner en marcha el relato y su desarrollo, a través de pulsadores, pantallas táctiles o pizarras digitales. Estos usuarios podrán escenificar las situaciones del cuento con tablets, pulsadores y comunicadores, y también tendrán la posibilidad de «realizar actividades tras el cuento, con realidad virtual y representaciones teatrales», apunta la terapeuta Sara Rodríguez.


Por último, en el nivel instrumental, los usuarios menos afectados tendrán libertad para elegir entre un abanico de posibilidades los diferentes escenarios del cuento, con actividades en las que podrán escribir en tablets, procesadores de texto, pulsadores o cobertores de teclado. Todo ello «adaptándonos a las necesidades tan personales que tiene cada uno de nuestros usuarios, y con la esperanza de poder seguir ampliando estas adaptaciones a todos ellos», subraya Carmen Gamazo, logopeda del centro. En total, han formado parte de este proyecto seis profesionales, que quieren empezar a sustituir los actuales dispositivos por otros más avanzados que les permitan lograr un grado más alto de interactuación.


Los desarrollos con las nuevas tecnologías en este sentido han sido muy positivos. Lorena Martínez, que lleva en ASPACE desde los 7 años y no puede emplear el lenguaje verbal, es capaz de escribir y comunicarse gracias a una tableta y a un ordenador portátil que han sustituido a su viejo sistema de fichas con dibujos simbólicos. Ahora tiene voz, a través del dispositivo, y se siente «feliz» con este avance, como ella misma cuenta pulsando un botón.


Como Lorena, muchos otros usuarios podrán beneficiarse de los proyectos que desarrollan los profesionales de Castiello. El objetivo es el de «compensar a quienes no alcanzan el nivel de lectura y escritura», relata Iván Alonso, fisioterapeuta, implicado en un trabajo que «nos llevará muchas horas, pero que merecerá la pena». Porque Caperucita y el lobo ayudarán a derribar barreras y podrán llegar, por fin, a todos. 

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